¿Por qué debemos usar el vocativo?

La cólera canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles… (Ilíada, canto I, v. I)

Quienes hayan estudiado latín o griego en algún momento de sus carreras entenderán perfectamente por qué hay que usar el vocativo. Como por desgracia estos son minoría en la sociedad, hay que recordar constantemente el correcto uso del vocativo en nuestra lengua. La Fundéu ya le dedicó un artículo para fomentar su correcta utilización, aunque de poco ha servido, más aún al observar que ni la propia Casa Real es capaz de seguirlo, como se puede observar  en el ejemplo de abajo.

El vocativo es, por lo general, una expresión o sintagma nominal usado en función conativa —es decir, aquella que apela al interlocutor , como en las oraciones María, pásame la sal o en Felicidades, Carlos, por tu segunda hija. La Ortografía de la lengua española (2010) establece que «los vocativos se escriben siempre entre comas, incluso cuando los enunciados son muy breves, como en estructuras del tipo No, señor; Sí, mujer (p. 312). Es decir, que aquellos sustantivos, grupos nominales o pronombres personales, cuando son usados en su función apelativa, deben ir entre comas. En otras lenguas, como en latín, existe la marca de caso, de tal forma que en la oración Salve, amice, amice está haciendo la función del vocativo y, por tanto, lleva la marca gramatical asociada a los sustantivos de la segunda declinación.

No obstante, aunque su uso pueda parecer obvio, en ocasiones podemos encontrar oraciones en las que la coma se pasa por alto. Sobre todo en aquellas donde al vocativo lo precede un gracias, hola o felicidades. Además, cabe resaltar el hecho de que términos como mamá, papá, cariño o amigo también cumplen la función vocativa en tanto en cuanto sirven para llamar al receptor, independientemente de si en la forma se muestra una mayor afectuosidad. También presentan problemas los vocativos que van precedidos de una interjección. En la Nueva Gramática de la lengua española (2014) queda recogido lo siguiente: 

«Cuando un grupo nominal sigue a la interjección, este puede interpretarse de diversos modos: en primer lugar, como un vocativo (§ 32.1.2f), como en Oh, hermanito, cómo te he echado de menos (Wolff, Kindergarten). En segundo lugar, el grupo nominal puede interpretarse como el segundo miembro de una unidad léxica compleja yuxtapuesto a la interjección y restringido léxicamente (¡Oh cielos!; ¡Oh maravilla!; ¡Oh sorpresa!). Por último, el grupo nominal puede considerarse como un término (no restringido léxicamente) análogo en cierto sentido a los que introducen las preposiciones y las conjunciones: ¡Adiós mis vacaciones!—» (p. 633).