Las 7 fases de los veintitantos

Los últimos meses lo he venido notando. Ya no estoy viviendo en la misma época que hace nada. Las circunstancias han cambiado y la mente lo ha hecho con ellas. Mis amigos me han contado que también les pasa, y no parece casualidad. Después de todo, los veintitantos es una edad indeterminada en la que tu vida comienza a convertirse en la de un adulto. Con sus obligaciones, sus responsabilidades, y sus fases. En concreto, X que completan la etapa que todo joven vive a sus veintitantos años:

1- Indeterminación futura

Tu vida ha dejado de ser un continuo flujo de cursos que se miden de septiembre a junio. Ya no eres estudiante, estás trabajando, y todo lo que soñabas y creías que conseguirías a los veintitantos te das cuenta de que no ha llegado. Tu futuro sigue siendo una enorme incógnita, y a medida que pasan los años, te das cuenta de que más impredecible será, aunque hayas estudiado una carrera universitaria. Te das cuenta de que es bonito relajarse y dejar que las cosas vengan, porque a fin de cuentas, son las que consiguen romper tu rutina y tu círculo de confort.

2- Filtración sentimental

Tu grupo de amigos se ha empezado a dispersar. Muchos han decidido cambiar de ciudad, volver a sus casas, independizarse, y otros directamente te han decepcionado demasiado como para hacer el esfuerzo de volveros a unir. La distancia hace mella en tu vida y sientes que, realmente, es un filtro natural. No te esfuerzas por conservar a esa gente que por sí sola decide alejarse de ti, y empiezas a valorar a esas personas que, aunque no lleven toda la vida contigo, te han demostrado que el tiempo no es el valor esencial de una buena amistad. Sentimentalmente eres todo un experto en amor y desamor, porque hayas vivido muchas o pocas experiencias, te resulta imposible volver a sentir las mariposas que sentías a los 18 por nadie. A veces te frustras por no conseguir enamorarte de verdad y otras te maravilla una persona que jamás creíste que pudiera ser tu prototipo.

3- Reducción de alcohol en sangre

Las fiestas de dos o tres noches seguidas se han acabado. Te resulta poco interesante perder tus pocos días libres de la semana en resacas tras noches de borrachera. Agradeces salir a tomar el sol, tomarte unas cañas con amigos –esos a los que tanto os cuesta reuniros- y organizar planes de ocio porque tu trabajo a penas de te deja hacerlo. Por eso cuando lo consigues te parece fascinante.

4- Enajenación económica

Alucinas cuando miras la cuenta del banco y ves que ya no eres becario, y que estás empezando a ganar ese dinero que nunca pensaste que tendrías. Te vienes arriba y lo gastas en tonterías porque, la enorme mayoría, se va en alquileres, gastos y comidas. El ahorro se convierte en una imposibilidad. Por lo que, al final, das las gracias por estar trabajando en algo que te llena o, por lo contrario, rezas porque esa entrevista para la que crees que te llamarán no te coincida con el horario de tu trabajo actual. Reconoces que vivir es tremendamente caro.

5- Insatisfacción demográfica

Notas que la ciudad donde llevas tantos años viviendo se te queda pequeña. Todo lo que has vivido en ella ha sido una etapa distinta a la que ahora te encuentras, y empiezas a sentir la llamada de los viajes, y de los viajes bien. Nada de mochilas ni festivales. Tienes ganas de descubrir cientos de sitios y de que la compañía sea especial. Aunque no siempre lo consigues cuadrar.

6- Nostalgia adolescente

A veces echas la vista atrás y sientes que la juventud se te está acabando, pero que realmente la has estirado todo lo que has podido, y sigues haciéndolo. Te comparas con tus amigos, recuerdas a algunos de los que se fueron –y a los que la vida se llevó- y te das cuenta de que los veintitantos siguen siendo una época perfecta para hacer miles de cosas, por lo que aprovechas la nostalgia para impulsar tu camino y para aprender de él.

7- Aceptación adulta

Finalmente llegas a la etapa final en la que, ya avanzados los veintitantos, te tomas un momento para analizar tu vida y no tiene nada que ver con cuando cumpliste los 20. Estás más cerca de los 30, y tu vitalidad no es menor, pero sí está enfocada de forma distinta. El espejo no muestra la misma persona, tienes más arrugas, alguna cana, y has cambiado tu forma de vestir. Pero estás estupendo, porque has madurado tal y como debía de ser. Y esto es sólo el principio.