«Harry Potter» y otros libros que marcaron nuestra infancia

El lanzamiento de la octava entrega de la saga Harry Potter nos ha hecho recordar todas aquellas historias que nos introdujeron en el mágico universo de la lectura, todos aquellos libros que, sin duda alguna, marcaron nuestra infancia y adolescencia. Esas portadas de colores que indicaban que dentro había una buena trama que seguir durante las próximas noches antes de dormirnos, ese olor inconfundible a páginas encantadas, a mundos fantásticos e ignotos, a magos, dragones brujas y hechizos, a sapos y princesas, a misterio, a búsquedas de tesoros, a héroes y personajes aventureros... ¿Preparados para ir marcha atrás en el tiempo?

Harry Potter

Gracias a la desmesurada imaginación de J. K. Rowling, millones de niños y niñas de todo el mundo nos perdimos entre las mil y una aventuras de Harry, Ron y Hermione, esperando que llegase la tan ansiada carta de aceptación en Hogwarts. Sí, indudablemente, podemos afirmar que prácticamente todos nosotros hemos crecido con la saga de Harry Potter.

Memorias de Idhún

Memorias de Idhún, la trilogía de Laura Gallego, o, mejor dicho, la historia de Victoria, Jack y Kirtash, nos cogió de las manos y nos guió por un universo inexplorado: nos llenó de cariño por los personajes, nos hizo sufrir y emocionarnos, y, posiblemente, con Panteón, nos dejó uno de nuestros primeros vacíos existenciales como lectores.

Las Crónicas de Narnia

¿Cuántos de nosotros habremos soñado, gracias a Lewis y sus *Crónicas de Narnia*, con viajar a través de nuestro armario a un mundo alternativo de magia y fantasía, poblado por animales parlantes y otras criaturas mitológicas?

Manolito Gafotas

El mítico personaje creado por Elvira Lindo, Manolito Gafotas, nos marcó a toda una generación de niños y adolescentes, especialmente a los madrileños, que crecimos al amparo de este peculiar estudiante afincado en Carabanchel.

Kika Superbruja

Reconocedlo, ¿cuántos trucos del final de los libros de Kika Superbruja intentasteis poner en práctica? Pues sí, es innegable que Knister despertó nuestra creatividad e ingenio, o, como mínimo, nos enseñó a escribir mensajes secretos con zumo de limón.

Molly Moon

Muy probablemente, los libros de Georgia Byng, brillantes y llamativos -e incluso hipnóticos- nos entraron, en un primer momento, por los ojos; pero, sin duda, cuando empezamos a devorar sus páginas, fueron las propias historias de Molly Moon las que nos hipnotizaron y cautivaron.

El Principito

El Principito de Antoine de Saint-Exupéry es una obra que todos leímos en nuestra infancia aunque, años después, en una relectura desde la madurez, pudimos entender mejor el profundo significado de esta historia.

La historia interminable

Son muchos los que, erróneamente, ven La historia interminable de Michael Ende como una obra destinada única y exclusivamente al público infantil, infravalorando mucho su capacidad de atracción entre aquellos lectores que ya dejamos atrás nuestros años más dulces y que seguimos anhelando volar a lomos de Fújur, el dragón blanco de la suerte.

Los Cinco

Los libros de Enid Blyton pasaron de generación en generación, los leyeron nuestros padres, los leyeron nuestros hermanos mayores y también nosotros. Seguro que todos hemos leído alguna vez en nuestra vida las aventuras de Los Cinco, y sino, ¿a qué estáis esperando? Nunca es tarde para disfrutar con Julián, Dick, Ana, Jorgina y su perro Tim.

El Barco de Vapor

Gracias a El Barco de Vapor, una colección de literatura infantil clasificada por colores en función de la edad y la capacidad lectora, todos hemos podido vivir ese momento genial en el que nos sentíamos inmensamente mayores y poderosos porque por fin teníamos uno de los libros rojos en nuestra mano. Títulos inolvidables como El pirata garrapata, Fray Perico y su borrico, Historias de ninguno o Jeruso quiere ser gente, nos marcaron.

Elige tu propia aventura

Lo bonito de Elige tu propia aventura, una serie de libros juveniles de hiperficción explorativa en los que es el propio lector el que modifica el transcurrir de la historia, tomando las decisiones sobre la forma de actuar de los personajes, es que nos convertíamos inevitablemente en los protagonistas. Eso sí, si elegíamos una aventura, al final siempre nos picaba la curiosidad y buscábamos la alternativa de las páginas a las que no habíamos ido… ¿o no?