Cosas que te manipulan la mente todos los días sin darte cuenta

Probablemente no te hayas dado cuenta, pero estoy manipulándote la mente. Lo hago, involuntariamente, porque cada vez que entras a Internet y te dejas embaucar por lo que lees, cada vez que compras un producto anunciado o que publicas una foto a tus redes sociales, seguramente exista cualquier fin comercial movilizando tu acto. Así de sutil es el marketing al que estamos sometidos y, al mismo tiempo, acostumbrados todos los días de nuestra vida. Formas de vida que nos han metido a fuerza y que sin ellas no podríamos formar parte de la sociedad moderna. Algunos, ni siquiera trabajar. Por lo que la libertad ya no depende exclusivamente de nuestras acciones, sino de estas en favor de la sociedad. A continuación, los ejemplos más claros de manipulación a los que te expones constantemente:

 

  1. Las tendencias

La primera manipulación a la que nos vemos sometidos cada día es la de lo que se debe y no se debe mostrar en sociedad. Por mucho que te guste algo, si no es tendencia tenderás a guardártelo para tus adentros, y lo que es peor, tu entorno agradecerá que lo hagas. El factor tendencia va mucho más allá de una prenda de ropa de moda o la adquisición de un móvil de última generación, es lo que mueve absolutamente todo el comercio.

 

  1. Instagram

Las redes sociales son un marco de manipulación tremendo. Especialmente Instagram. ¿Por qué? ¿Te hacías selfies antes de que llegara la aplicación destinada a ello? ¿Sabías continuamente lo que la gente llevaba puesto y lo que no en cada temporada? ¿Te atrevías a subir a tus redes una fotografía con una edición o calidad inferior a la habitual? Seguir el cánon establecido por Instagram supone seguidores, likes, influencia… mientras que no hacerlo conlleva todo lo contrario. Infravalores que, quieras que no, bombardean tu cabeza con estereotipos aceptados por toda la sociedad.

 

  1. Los medios de comunicación

Ellos son los encargados de marcar de lo que tú vas a hablar cuando salgas de casa. Y los que se encargarán de convencerte de lo que es importante. Cuando un medio se encarga de machacar un tema determinado, crean una onda expansiva de enorme alcance. En breve, todo el mundo estará hablando de lo mismo como si eso fuera lo más importante del mundo. Y si tratas de discrepar con el hecho de que ese tema sea tan importante, peligras de ser acusado de insensible o desconfiado.

 

  1. Internet

La tecnología web no iba a ser menos. Internet es, sin duda alguna, el peor de los manipuladores. Hoy en día es imposible entender la comunicación sin aplicaciones móviles, la información sin diarios y webs digitales, el conocimiento que no tenemos al minuto en cualquier lugar del mundo, y un largo y deprimente etcétera.

 

  1. Las héroes a imitar

Aunque no lo creas, no eres tú quien decide quiénes son los héroes de nuestra sociedad, puesto que vienen totalmente impuestos por el marketing y el mercado multinacional: el futbolista que marca un gol decisivo, el cantante que hace algo polémico… ellos son los modelos a imitar.

 

  1. El cine

La gran pantalla, desgraciadamente, también nos manipula. Porque esos casos de amor verdadero, de éxito al segundo, de final feliz… en la mayoría de los casos son una ficción tan conseguida que queremos y nos vemos capaces de llevarla a la realidad. Consecuentemente, la creación de estereotipos amorosos y vitales están duramente marcados por lo que nos enseñan, por nuestra ventana al mundo al cual queremos pertenecer indudablemente.

 

  1. Los espejos

Ser el más guapo, el más delgado, el más exitoso, el que más amigos tiene, etc… cuando te miras al espejo eres capaz de ver antes todo lo que no tienes que lo que sí.  Porque la primera mentira que nos han vendido y que siguen vendiéndonos en sesión continua es que la felicidad está en tener cosas, en aspirar a todo y más. Algo que nos hace olvidar a menudo que la felicidad no es un fin, sino un medio que se encuentra en las pequeñas cosas.

 

  1. El machismo

Pensarás que el feminismo es la tendencia reinante en el mundo, pero te sorprendería descubrir la de casos que demuestran que no es así. El día a día está aún marcado por cientos de conceptos machistas que todos fomentamos. Aún sorprende montarse en un autobús conducido por una mujer, y se sigue desconfiando más en la carretera de una mujer al volante que de un hombre. Las discotecas siguen atrayendo jóvenes a base de reducir precios a las mujeres y subírselo a los hombres. El reggaeton es la música que más se escucha en cualquier fiesta española, y la que más vende. Las tiendas siguen fomentando los roles de género: por colores, por prendas, por productos “para ella” y “para él”. El hombre ejerce una presión moral, psicológica o económica para imponer su poder sobre el de la mujer y en la vida cotidiana sigue siendo así.

 

  1. La moda

La necesidad de estar continuamente dentro de la moda para ser aceptado por la sociedad es uno de los tormentos a los que la mente se ve expuesta diariamente. Si compramos algo a la última, en breve saldrá otra prenda o producto “más completo” o “más a la moda”, y volveremos a sentir que lo  nuestro ya no sirve o ya no llena del mismo modo. Generando ansiedad y sensación de imperfección. Se trata de que no sólo te sientas insatisfecho sino además culpable. Que realmente creas que es tu falta de voluntad, tu vagancia o tu poca perseverancia lo que te impide conseguir eso que querías. Ignorando que vivimos en una sociedad desigual, clasista, repleta de enchufismo, con oportunidades dispares para unos y otros.

 

  1. La opinión pública

La última de las grandes manipulaciones cotidianas es la opinión pública, la de nuestros seres queridos. La forma en que nos comparamos con los demás según lo que dicen o hacen es enfermiza. Crees que eso que no has podido conseguir, los demás sí lo hacen. Que eso de lo que no te has enterado, es noticia mundial. Que no sabes lo suficiente, que no tienes lo necesario, que no llegas tan alto como debieras.

 

Ser feliz cuesta menos de lo que nos quieren vender. Seamos conscientes de lo prescindible de la sociedad antes de considerarnos seres completamente libres.