48 horas antes de un examen final

Nos ponemos en la piel de un estudiante universitario

La siguiente historia se inspira en todos aquellos momentos que suceden en nuestra caótica vida de exámenes. La de este joven es como la nuestra: tiene amigos, grupos de whatsapps de clase y un taco de apuntes similar al nuestro. Está a tan solo dos días de un examen final. Por eso, vivimos con él las 48 horas antes de ese examen.

LUNES. Dos días antes del examen.

Son las 11 AM y aún sigues en pijama. Te diriges al baño mientras andas sin levantar los pies del suelo. Te miras en el espejo y piensas que "hasta el miércoles queda mucho" a la vez que te autoconvences de que serán los dos días más productivos de tu vida. Te has dejado media hora en el baño (obviemos el porqué), pero sigues siendo optimista.

Entre tanto, enciendes el portátil, echas un vistazo al móvil y todo lo que ello conlleva: meterte en twitter (para enterarte de lo que pasa en el mundo), Facebook (para ver las fotos del finde), Instagram (para ver si alguna de tus amigos/as ha subido una foto sin filtro), etc. Y de repente, te llega un whatsapp de tu grupo de clase:

Listo nº1 hola, chicxs! ¿Os habéis leído las páginas del libro que mandó a principio de este cuatri?

(¿¿¿Había que leerse un libro???)

Listo nº 2: claro, voy por la página 378. Qué opináis de (insertar tema random)?

(?#@*&%)

Amigo nº 1: ¿Desde cuando El Principito tiene tantas páginas? (Emoticono con cara preocupada)

(Bien. Bien. "Hay alguien más perdido que yo" piensas)

Buscas el dichoso libro. No lo encuentras en Pdf, pero aún te queda la opción de ir a la biblioteca. La descartas. La parte responsable de tu cerebro dice que vayas, que en mayo se está muy bien en las bibliotecas. Pero son las 14:00 y el plato de lentejas te espera en la mesa. Te quejas a tu madre:

Tú: ¿unas lentejas con el calor que hace?

Madre: Cómetelas, que tienen mucho Hierro.

Aún no te has quitado el pijama, porque piensas echarte una buena siesta. Ese plato de lentejas merece un buen reposo. Te despiertas de nuevo. Tienes treinta y cinco whatsapps del grupo de clase.

Listo nº 3: ¿alguien entiende el epígrafe número 4 del apartado 3 del tema 8 del bloque 2 de la segunda edición del manual que mandó el día de la huelga?

Amiga nº2: ¿El día de la huelga? ¿Fuiste a clase? Eres un bufón del régimen y un defensor del patriarcado. Sois casta.

Amigo nº1: ¿es fuiste o fuistes?

Apagas el móvil. Ya son las siete de la tarde y todavía no has sacado los apuntes de la mochila, por no hablar del libro que no te leerás y el manual que tampoco has comprado. Suspiras. Sacas los apuntes y... ¡Tachán!

Recuerdas que le dejaste los dos primeros temas a tu amigo.

Tú: Oye, macho, ¿tienes mis apuntes?

Amigo nº3: sí, pero todavía no los he fotocopiado. Dame un par de días y te los doy.

Tú: ¿un par de días? ¡Si el examen es el miércoles!

Amigo nº3: ¿¿¿Este miércoles???

Tú: Pásame una foto aunque sea.

Amigo nº3: ha enviado una foto.

terminas bloqueándolo. Piensas que esos dos temas no entrarán porque son conceptos y quedan muy lejos. Y Empiezas con el tema 3.

19:00 h: Tienes hambre. Haces una visita rápida a la cocina y arramplas con dos croissants, un par de donuts, una manzana y un zumo. Piensas que "con el estómago vacío no se puede estudiar". Vuelves a coger los apuntes. Tu vecino empieza a tocar la flauta y tú comienzas a desesperarte.

Cuando estás estudiando y algún niño de tu edificio se pone a tocar la flauta.

21:00 h: llevas dos horas "estudiando". Entre medias, has visto varios vídeos en YouTube, has leído varios artículos en Unono y ya conoces cuáles son las 10 mejores terrazas de Madrid o los fallos comunes del castellano. "¿Es idos en vez de iros? ¡Venga ya!"

23:00 h: vuelves a tener hambre. Te llevas un vaso de leche y unas magdalenas a tu pestilente habitación. Todavía no te has duchado y no tienes ganas de ponerte a estudiar.

00:00 h: retomas el tema cinco, que habías apartado cuando acabaste metido en Unono. Aún te quedan 10 temas por estudiar.

00:30 h: Empiezas a bostezar sin parar. Te has tragado dos arañas y la lámpara de la habitacion con el último bostezo. Finalmente, decides irte a la cama. "Mañana me levanto y estudio", te dices a ti mismo. Pones la alarma a las 7:00. Y a las 7:03. Y a las 7:05. Por si acaso.

MARTES. El día de antes:

11:00 h: un rayo de luz entra en tu habitación. Te estiras y miras el móvil: son las once de la mañana y la alarma no ha sonado. Dejaste el móvil en silencio. Repites el proceso del día anterior.

16:00 h: Te interrumpe la siesta una llamada de tu amigo.

Amigo nº4: Oye, ¿te vienes a la biblio?

Tú: ¿con el calor que hace?

Amigo: Por lo visto tienen aire acondicionado dentro. Venga, no me dejes solo.

Tú: okay.

Sentimos mucho el calor (literalmente). Hemos avisado a Mantenimiento. Podéis dirigirles vuestra queja usandohttps://aplicaciones.uc3m.es/opina/ 

El desenlace de esta historia todavía no ha sido desvelado. El protagonista aún sigue estudiando y a estas horas ha perdido toda esperanza. Empieza a pensar en la opción de ir a junio, o dejarlo para cuarta convocatoria. Mientras tanto, coge la leche, el café, abre el microondas y se calienta el tercer café de la noche. Él es como tú y como yo, otro estudiante más en periodo de exámenes.