15 hechos que solo entenderás si eres o has sido becario

 

Universitarios del país, ¡levantaos! Hay algo que nos une, somos la generación de estudiantes más productiva de la historia. Esto es un hecho; somos versátiles, disponibles, trabajadores... por la sencilla razón de rellenar nuestro Currículum con algo más que nuestra capacidad de trabajar en equipo. Resultado de ser estudiantes sumergidos en una economía en proceso de salida de una crisis, sobrevivimos a la condena del futuro incierto gracias a una palabra mágica: "las becas".

Hoy en día llamamos beca a cualquier cosa, prueba de ello, es llamar "becario" al trabajador que no es trabajador, sino estudiante que de cara a un contrato firmado por la Universidad tiene el derecho y el deber de jugar a que es un profesional de su sector por dos míseros duros -en un afortunado caso-.

Pero, amig@s, ¡no estáis solos! Os robo dos minutos de vuestro ajetreado tiempo con "15 hechos que todos los becarios hemos sufrido":

 

1. Tu proceso de búsqueda de prácticas te llevó más e-mails de los que habías enviado nunca

Pensaste que la retórica y la grandilocuencia gramatical te garantizaría un puesto en esa empresa que tanto te gusta. La sorpresa te la llevaste tú cuando de 100 mails enviados recibiste tres respuestas... diciendo que no había vacantes.

 

2. Te pusiste nervioso cuando ese número desconocido te llamó al móvil

Sonó el teléfono, el número no estaba guardado en tu agenda, era la oportunidad de tu vida y al momento se te pusieron de corbata. Sufriste la necesidad de contestar y no hacerlo al mismo tiempo, hasta que lo hiciste y jamás pensaste lo útil que podía llegar a ser un boli y un papel en ese momento.

 

3. Tu primer día lo recuerdas por tu patosidad

Tu jefe te asignó una tarea simple, que tú revisaste por vigésima vez antes de enseñársela finalizada. Te mandó una nueva sin revisar la anterior. No volviste a corregir nada de lo que hiciste en los siguientes cuatro meses.

 

4. Pensaste que ese compañero que llegó y se sentó sin siquiera saludarte era la persona más mala del mundo

Sabiendo lo duro que es para un becario ser "el nuevo", estuvo muy feo que llegase ese flipad@ e ignorara tu insignificante presencia. Lo pensaste en cuanto llegó y te dejó con la mano a medio saludar. Cuatro coñas con el jefe y este sujeto acaparó su atención, bajo tu dolorosa mirada de venganza. A la semana, decidió saludarte tras percatarse de que probablemente no habías llegado para calentar el asiento.

 

5. No confiaste en tu supremacía hasta que entró un nuevo becario

Ahora el nuevo, era él, y los problemas se los habías traspasado de inmediato. Incluso sentiste la necesidad de llegar y no saludarle, tu poder de antigüedad empresarial se volvió evidente. Y, sí, le manejaste un poquito cuando el jefe no miraba.

 

6. Mandaste a tu jefe un correo incompleto y pensaste que eras tremendamente inútil

Te curraste tanto el texto que diste a "enviar" sin adjuntar el documento. Tu siguiente correo se basó en una disculpa por tu incompetencia y no esperaste respuesta alguna. No la merecías.

 

7. Tuviste una conversación clandestina con un contratado que se convirtió en una lucha contra tus sueños

 Ese empleado que lleva tantos años contratado por la empresa con la que trabajas se molestó en fumarse un cigarrillo contigo poniendo verde la labor de la compañía, la credibilidad del medio, la vida del jefe y su propio sueldo -el cual es cinco veces el tuyo-. Sin dejar de mencionar que ilusionarte con tu profesión te llevaría al suicidio. Bueno, puede que no lo dijera así, pero eso sentiste tú.

 

8. Valoraste cada fin de semana como nunca antes

Y lo hiciste haciendo lo que todo ser trabajador hace un fin de semana: dormir y descansar. Comenzaste a dejar tu juventud pasar reflexionando sobre cuántas fiestas habías dejado pasar los últimos meses por el hecho de ser becario, y pensaste si realmente merecía la pena aquello.

 

9. Ojeaste tu cuenta bancaria más de cinco veces la primera vez que cobraste

No te lo podías creer, ¡300 euros más! parecían caídos de la nada. Estabas tan contento que incluso utilizaste frases hechas del tipo "me tiene que durar hasta fin de mes". Y te regodeaste internamente de tu éxito especialmente cuando lo comentaste con tu compañero de clase, ese que trabaja lo mismo que tú pero sin cobrar.

 

10. Dijiste adiós a todos los estereotipos sobre el verano

Ni playa, ni tiempo para tocarte las narices, ni levantarse a las tantas; por un momento pensaste que el verano como antes lo habías entendido no volvería nunca más. Y no volvió.

 

11. "Será una explotación, pero estoy aprendiendo y me sirve para el currículum"

Todos lo hemos escuchado, todos lo hemos dicho. ¿Realidad? Sin comentarios...

 

12. Tu jefe te consoló diciendo que sufrió mucho para llegar hasta su puesto

 Y por ese motivo, no vas a ser menos. Sufrir y trabajar no formarán parte de la misma frase que digas en voz alta pero no dejarás de repetirlo en el interior de tu cabecita, mientras el sol brilla a través de la ventana y la vida pasa. Eso sí, "¡el currículum que te estás haciendo...!"

 

13. Quisiste matar a tus padres cuando insinuaron que lo que hacías no podía considerarse trabajar

Porque no hay nada peor para un becario que escuchar como una persona de su entorno, mejor pagada, con condiciones laborales y un futuro establecido, se regodea de que tu situación es tan insignificante que no entra en la categoría "trabajo".

 

14. Decidiste cuatro cositas que le ibas a dejar bien claras a tu jefe al día siguiente de verle

Cositas que jamás salieron de tu boca porque "tampoco eran para tanto" y tú, ante todo, eres un profesional.

 

15. Terminaste tus prácticas pensando que estabas tan preparado para la vida profesional que no tardaría en lloverte un trabajo de verdad

Y, el tiempo que hubieras invertido en ese trabajo, bueno, lo estás gastando en leer este post.

 

Suerte para todo aquel becario precario que sueña con volar y llegar algún día a convertirse en ese jefe capullo que tanto le enseñó.

You're not alone

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