10 características que identifican a los verdaderos filólogos

«Amar la palabra, amar tan solamente, es el primer objetivo de nuestra disciplina»

Nos sentimos muy orgullosos de emocionarnos con un poema, de nuestra adicción a los facsímiles y a los libros antiguos o de los ataques histéricos que nos provocan las faltas de ortografía en los whatsapps... en efecto, hay bastantes rasgos que nos identifican. Y es que el estudiante que aspira a ser filólogo ya lo es desde el principio. Amar la palabra, amar tan solamente, es el primer objetivo de nuestra disciplina.

1) Nuestros whatsapps tienen siempre todas las mayúsculas, comas y tildes, y nos sangran los ojos cuando recibimos mensajes con faltas de ortografía.

2) Aunque los ebooks estén ganando terreno, como auténticos bibliófilos, no nos cansamos de reivindicar el valor de nuestros queridos amigos de papel y estamos convencidos de que jamás podrán ser reemplazados.

3) Somos unos auténticos expertos en librerías de nuestra ciudad y somos verdaderos fanáticos de las que venden ejemplares de segunda mano a buen precio.

4) Sí, nos ponen enfermos ciertas cosas, como, por ejemplo, que Belén Esteban venda más libros que Vargas Llosa. Sin comentarios...

5) Nuestra obsesión por la ortografía puede llegar a ser molesta para nuestros amigos y familiares. Pero no podemos evitar cuidar de que nadie maltrate nuestra preciada lengua.

6) Sí, también nos paramos a analizar los errores gramaticales en canciones. Por muy bueno o emblemático que sea un tema, este tipo de fallos generan un leve pitido en nuestros filológicos oídos.

Te dije "nena, dame un beso", y tú contestastes que no.

7) Hemos experimentado en más de una ocasión los problemas de leer en los transportes públicos, pero no por ello renunciaremos al placer de poder dedicar todos esos interminables tiempos muertos de nuestros trayectos a sumergirnos en un buen libro.

8) Nos sentimos orgullosos de poder pronunciar la palabra VOCACIÓN cuando explicamos por qué escogimos el camino filológico y no otra carrera.

9) No nos cansaremos nunca de reivindicar la utilidad de las lenguas clásicas.

10) Y, por último, hay ciertas preguntas que a todos los filólogos nos desquician bastante: ¿Y para qué sirve tu carrera? ¿Y por qué te matriculaste en eso? ¿No te daba la nota media para otra cosa...? ¿Y qué quieres ser...? ¿Profesor de lengua en un instituto...? Por favor, basta ya de tópicos estúpidos.